La “Narcopolítica” pone en crisis al gobierno de Uribe
Desde La Habana
La “Narcopolítica” pone en crisis al gobierno de Uribe
Se reanuda la Sexta Ronda entre el ELN y el Gobierno
Por Manuel Alberto Ramy (Mayo 22/2007)
maprogre@gmail.com
La sexta ronda de negociaciones entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el gobierno colombiano se reanudó el pasado jueves 17 de mayo. El punto central de las conversaciones es lograr un Acuerdo Base que facilite la paz. Dicho acuerdo pasa inevitablemente por un punto crucial: el cese de las hostilidades para el que Uribe, en declaraciones hechas a Radio Santa Fe a comienzos de abril, puso como condición el cese unilateral de las acciones por parte del ELN, que debería concentrar sus fuerzas en una zona específica. Para la lógica gubernamental la verificación del cese unilateral no es posible sin la concentración. Otra es la del ELN.
En la primera decena de mayo ambas partes decidieron recesar por unos días y de seguro que no para descansar, pues Luis Carlos Restrepo, quien preside la Comisión gubernamental de Justicia y Paz, voló a Colombia; cabe pensar que se trató de un viaje para consultar temas y recibir instrucciones. La delegación guerrillera, presidida por el Comandante Pablo Beltrán, miembro del Comando Central (COCE) del ELN, no, lo que indica que cuenta con la autoridad suficiente para tomar decisiones.
Las conversaciones, celebradas en los predios del exclusivo El Laguito, en el barrio de Miramar, han estado rodeadas del mayor secreto. La prensa en Cuba, especialmente los que reportamos para medios internacionales, no hemos podido contactar con los dialogantes. Pero siempre hay que pegar el oído a la tierra colombiana para descifrar los sonidos que de allá vienen.
El viaje de Restrepo a Colombia es signo de que puede haber una definición importante en los próximos días. La incógnita a despejar es si hay acuerdos o no.
Personalmente y con prudencia, opino que sí habrá ciertos acuerdos y que la posición gubernamental se ha visto obligada a bajar los humos de apremio, casi de ultimátum, con que iniciaron el diálogo el pasado 17 de abril. De esa fecha hasta hoy mucho ha ocurrido para el presidente Álvaro Uribe y su gobierno, acosado por el escándalo de la “narcopolítica” — alianza entre los paramilitares, sectores y personalidades políticas gubernamentales y el narcotráfico.
Colombia y la situación con EE.UU.
La reciente visita del presidente Uribe a los EEUU puede calificarse casi de fracaso. Debutó con la negativa del ex vicepresidente Al Gore a compartir una presentación en la que estaría Uribe, hecho que explotó en los medios; Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes emitió una fría nota de dos párrafos y en el legislativo hasta el momento prima el freno a aprobar el Tratado de Libre Comercio (TLC), así como una partida de $52 millones de dólares destinada a las Fuerzas Armadas colombianas. Tan es así que el pasado 18 de mayo, durante un discurso en la Escuela de la Policía General Santander, en Bogotá, Uribe exclamó:”Por favor, señores de la Embajada de Estados Unidos, que lo sepa el Congreso norteamericano, porque nosotros no podemos aceptar que se apruebe el TLC a Panamá y a Perú, y se castigue a Colombia en esta batalla, se le de un tratamiento de paria ¡Eso es inaceptable!”.
Durante el discurso, Uribe informó haber dado ordenes a las Fuerzas Armadas de ir al rescate de los tres ciudadanos norteamericanos que están en poder de las FARC desde hace varios años, así como a la ex candidata a la presidencia, Ingrid Betancourt, en poder de la misma guerrilla desde el año 2002. También a los demás secuestrados.
Esta decisión, especialmente la relacionada con el rescate de los estadounidenses secuestrados por las FARC, es desesperada e intenta suavizar el rechazo a su gobierno. El tema de las violaciones de los Derechos Humanos, el asesinato de centenares de sindicalistas –que ha hecho reaccionar a los gremios laborales de Norteamérica–, la impunidad en que permanecen la mayoría de estos crímenes, tienen suficientes méritos para que el Congreso actúe de esa forma y presione a Uribe. No puedo pasar por alto señalar que el desastre humanitario colombiano aporta mucho al arsenal demócrata, que controla el Congreso, para pasarle la cuenta al presidente Bush, aliado incondicional del régimen uribista.
La situación nacional: el escándalo de la “narcoparapolítica”
La crítica situación en sus relaciones con EE.UU. es consecuencia de lo que en menos de un mes explotaba ante el rostro del gobierno: el posible compromiso del presidente Uribe con los Paramilitares que comenzó cuando era gobernador de Antioquia (1995-1997), período en el que aumentaron los asesinatos en esa región; la detención de hasta el momento de 14 senadores acusados de complicidad con los paramilitares; el apresamiento de Jorge Noguera, ex jefe del DAS (servicio de inteligencia colombiano) e intimo colaborador del presidente. Días después empezaron a publicarse las declaraciones del jefe de los Paramilitares, Salvatore Mancuso, en las que informaba que el 40% del congreso había sido electo mediante arreglos con sus fuerzas y sostenía que el Vicepresidente de la República, Francisco Santos, y su primo Juan Manuel Santos, actual ministro de Defensa, habían sostenido relaciones comprometedoras con su organización paramilitar.
Mancuso fue prolijo en sus denuncias que alcanzaron a varios jefes militares activos y retirados, y no se detuvo en éstos ni en aquéllos. En su lista de comprometidos aparecen varias empresas que lo financiaban, como las norteamericanas Del Monte, Dole y Chiquita Brands; esta última en marzo pasado aceptó ante el Departamento de Justicia de EE.UU. haber pagado a los paramilitares desde el año 1997 hasta el 2004. Otras empresas, como la cervecera Bavaria, la automovilística Hyundai y la refresquera Postobón aparecen como contribuyentes de los paras, quienes están metidos hasta el cuello en el narcotráfico. Estados Unidos ha solicitado la extradición de Mancuso, pero de acuerdo con la ley de Justicia y Paz promovida por el régimen de Uribe, los criminales que depongan las armas y declaren sus fechorías no son extraditables.
Para mayor dramatismo, el fiscal general de la República, Mario Iguarán, declaró el pasado 8 de mayo al diario El Tiempo, de Bogotá, el hallazgo de 65 fosas comunes conteniendo 105 cadáveres y anunció que habría otros más. Los cadáveres estaban mutilados a machete o con sierra eléctrica, que según el fiscal es el estilo de los paramilitares.
Iguarán estima en unos 3 000 los restos que podrían encontrarse en el departamento de Putumayo, al sur de Colombia y colindante con Ecuador.
Este Escenario y la Reanudación de la Sexta Ronda.
Ante este escenario, los apremios iniciales del gobierno de Uribe al ELN deben haber bajado. A su regreso de Colombia Restrepo debió aterrizar más flexible y conciliador. Muy bueno le sería concretar un acuerdo que, por mínimo que sea, daría un poco de aíre al gobierno.
Para el ELN –que sabe cuánto aire darle–, el momento político es favorable a su propuesta inicial de un cese al fuego provisional, experimental, por un término a definir y de carácter bilateral, no unilateral, y excluyendo la concentración de sus fuerzas en un punto específico, como de inicio demandó el gobierno. Desde el punto de vista estratégico, aceptar concentrarse seria un desastre. Toda lógica indica que el ELN no cederá en este punto, como tampoco al carácter bilateral de cese temporal de las hostilidades.
La temporalidad propuesta por el ELN tiene a mi juicio una explicación. El cese de hostilidades, que conlleva tranquilidad en los pobladores, es un paso en la dinámica de la búsqueda de la paz; es parte de un proceso que debe ser resuelto con la participación decisiva de la sociedad civil.
Como escribí en un trabajo en abril pasado: el silencio de los fusiles no es la paz. Desarmar las
causas que originaron el conflicto, sí.
El panorama para Uribe y su régimen ha cambiado a gran velocidad. No han derrotado militarmente al ELN –que lleva 43 años peleando en selvas, montañas y ciudades–, y ahora está perdiendo la guerra en el terreno político por sus escándalos con la “narcoparapolítica”. Esta realidad está en la mesa de conversaciones.
Nota: Cuando había finalizado este trabajo –que el jueves 24 saldrá el Progreso Semanal– recibí una nota del ELN a la que podrán vincularse dicho jueves entrando a CESAR LAS HOSTILIDADES. Aclaro que los contenidos de dicha nota no son necesariamente parte de los temas debatidos en esta ronda de negociaciones, lo que no excluye que en un futuro, y como parte del proceso para alcanzar la paz, sí lo sean.
Manuel Alberto Ramy es jefe de la corresponsalía de Radio Progreso Alternativa en La Habana, y editor de la versión en español de la revista Progreso Weekly/Semanal.

mui buena la opinion